miércoles, 10 de octubre de 2012

¿PORQUÉ NOS GUSTA JUGAR?



Seguro nunca te lo preguntaste, pero te asombrarás de saberlo.


Uno sabe que las cosas que le gustan, le gustan. Y como nos gustan, nos gusta hacerlas (What?). Parece trabalenguas, pero poniéndolo así, la cosa resulta sencilla. Mucho más sencillo de lo que realmente es. Te asombrarías de saber todo lo que nos atrae hacia las actividades que nos brindan placer.

La neuroquímica de un jugador
Seguramente sabes que todos los seres vivos avanzados, incluyéndote a ti (nada personal en contra de los zombies) tienen un Sistema Nervioso Central. Este está constituido por el encéfalo y la médula espinal. En toda superficie de estos dos órganos podemos encontrar un líquido incoloro, transparente y pegajoso que se llama celaforraquídeo. Pero ¿qué hace esa cosa? Bueno, entre otras cosas es el encargado de servir como medio para el intercambio de sustancias endocrinas u hormonales; es el que las “interpreta”. Cuando estamos viviendo algo en el plano físico o mental, nuestro sistema endocrino secreta endorfinas, la sustancia responsable por esa sensación de bienestar que sentimos al hacer lo que nos gusta (puedes comenzar a toquetearte para comprobarlo). Las endorfinas nos hacen sentir bien, eufóricos, placenteros, y en cierta forma generan adicción. Es una adicción sana, pero adicción al fin. Es por eso que muchos juegos como Yu-Gi-Oh!, Magic o el extinto Mitos y leyendas, entre muchos otros más TCG son adictivos. ¡Nos gustan tanto, segregamos tantas endorfinas al jugarlos que queremos más y más y más! (muy bien, ya puedes dejar de tocarte).

Sobre gustos no hay nada escrito
Por supuesto, sobre gustos no hay nada escrito. Y los gustos están más arraigados a nuestras experiencias de vida, a lo social, a la personalidad y la psiquis que a nuestro sistema endocrino (es un buen momento de tirar a la basura todo lo escrito en el apartado anterior XD). Lo que  a ti te gusta, puede no gustarle al nerd de al lado. Lo que tú consideres juego, para otros puede ser una tontería. A nosotros nos gustan los juegos de cartas para niños, tanto como a otro le pueda gustar jugar soccer o apostar en carraras ilegales de caballos. En la superficie no hay mayor diferencia. Sea con uno u otro juego, todos disfrutamos lo mismo. Si existen las diferencias, estas son meramente sociales. Hay juegos que al ser masivos, son más aceptados por la sociedad. Otros que no son tan conocidos, como los TCG, pueden ser marginados simplemente por no saber lo que son. Por ejemplo, hace unos 20 años los videojuegos eran cosa para niños o Nerds. La gente creía que todo aquel que jugara videojuegos era un menso. ¡En serio! Pero a medida que los videojuegos se hicieron más conocidos y aceptados, la cosa cambió por completo. Hoy en día está de moda ser Gamer y nadie lo ve con mala cara, cosa que aun no sucede con los juegos de cartas para niños, pero hay que tener fé en el corazón de las cartas hermano!

Jugar para aprender
Como muy bien debes saberlo, el juego es de vital importancia para el desarrollo y la evolución humana, y es imprescindible en los primeros años de una persona. Cuando somos niños, todos contamos con una virtud: absorbemos información con una facilidad inusitada, ya que nuestra mente está en desarrollo.  Por eso es más fácil aprender algo cuando somos pequeños, que cuando somos adultos, y tenemos el cerebro completamente formado. El problema es que cuando somos niños ¡no nos gusta aprender! Todo lo que sea teórico nos aburre inmensamente (aunque conozco gente que ni de grandes le toman gusto al aprendizaje). Por eso Dios, la naturaleza, el KI, los Chakras, el Cosmos o quién sabe quién o qué, dotó al juego de una relevancia didáctica asombrosa. Lo que juegas, lo aprendes. Este aprendizaje, por supuesto, puede no ser consciente, pero existe. Por ejemplo, jugando al escondite con tus amigos no sólo aprendes a socializar, si no que también comienzas a comprender la función de las reglas y porqué un escondite es mejor que el otro, entre otras cosas. Que esta motivación sea inconsciente, no la hace menos. Por el contrario, la pone como una motivación fundamental, una necesidad inherente al ser humano.

¡Más motivaciones!
Por supuesto, además de las endorfinas y el aprendizaje, existen otras motivaciones. El juego nos brinda la posibilidad de llenar nuestro lado fantástico, de saciar nuestra sed de exploración para escaparnos de un mundo de plástico y asfalto, donde todo está dicho. Nos permite darle alas a nuestra imaginación, darle en la madre a la realidad y llenar nuestras reservas de fantasía. Al contrario de lo que sucede con un libro o una película, en el juego tomamos un papel activo en ese mundo imaginario, cosa que lo hace doblemente placentero.
                Pero también jugamos porque a través del juego tenemos la posibilidad de probarnos a nosotros mismos. Cuando jugamos, competimos, sea contra un ser físico o con nuestras propias limitaciones y cada vez que ganamos lo tomamos como una superación (los amigos imaginarios no nos ayudan mucho aquí). ¿Nunca te pasó encontrar a un oponente al que ganaste pero la victoria no te terminó de complacer al haberla conseguido sin esfuerzo?
                Y aquí llegamos a otra motivación, la posibilidad de reconocimiento cada vez que ganamos y nos superamos. ¿¡Quién no quiere una palmada en la espalda y gozar de la admiración de sus colegas!?. Y para ganar, por supuesto, hay que ejercitarse. Y esta es otra de las motivaciones. Los deportistas juegan todos los días para llegar al momento del encuentro con sus habilidades alerta. Por supuesto, la competencia y/o la posibilidad de jugar con otros nos ayuda a pulir nuestras destrezas sociales. El juego es una excusa, sea Yu-Gi-Oh!, o cualquier TCG, para juntarnos con otras personas afines y divertirnos socialmente. O ¿no te ha pasado que te resulta más sencillo hablar con alguien desconocido, pero que juegue lo mismo que tu, a acercarte al compañero de clase, aunque lo tengas que ver más veces en tu vida?
Sea como sea, el juego es una herramienta muy útil y divertida. Además, el jugar cualquier TCG o en general, cualquier juego que requiera de un esfuerzo de razonamiento considerable nos permite evitar enfermedades aunque no lo creas. Pero eso, amigo lector, eso ya es otra historia.

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